Pensar en febrero como última posición real para escribir algo, suena bastante raro, pues mi cabeza funciona bastante bien la mayor parte del tiempo, jajjaja, broma, intento estar al ciento por ciento en cada nueva inhalación. Encontrar una razón especial, la desconozco.
Puedo asegurar que en más de una ocasión tuve en mi mente una nueva entrada. La única cualidad cierta para aquellas desventuras es que estaba practicando mis deportes. Hablar de alguno en particular me resulta aun más complejo. Es decir, para usar un vocablo surgido ayer en la sala de los séptimos, me es difícil difuminar el límite entre uno y otro.
Mis deportes, declaro, con mucha prestancia, son el RUNNING y el READING.... com ambos debería una preposición en ingles en particular, sé que no es DO ni PLAY, pero no podría señalar a ciencia cierta cuál es el main sport.
Cuando estoy en periodo de "competencia", empleo el termino, pues el asociado a las carreras en las que asisten muchos atletas y sales de acuerdo al tiempo clasificatorio, pero en mi caso nunca he ido a competir por algún lugar, a pesar de que en mi haber deportivo he tenido la maravillosa oportunidad de acceder a las tres posiciones del podio.
Durante esta instancia mi lectura quedaría un tanto retrasada en pos de los ejercicios propios de la maratón, pero en los escenarios en los cuales debo descansar es el running (obviamente) quien queda relegado y son las letras quienes se apoderan de la posta.
El único momento en que logrado incluir a ambos es cuando realizo la vuelta a la calma en la bicicleta estática. Ya sea en el gimnasio o en la habitación reacondicionada de mi hogar durante esos treinta minutos, empleo las piernas para deslizarme (hipotéticamente) y los ojos para acompañar al personaje en cuestión o aprender de algo nuevo si es que es un paper o un ensayo.
En el caso de hoy (y las últimas semanas previas al MDS2026) ha sido "Los detectives salvajes" de Bolaño el que me ha acompañado en la vuelta a la calma. La vida en México del aspirante a poeta y los encuentros en la casa de los Fontt, sus visitas a las bibliotecas y la relación con Rocio han ido desentrañando una trama que ya me acompañó en mis treinta.
De lo contrario si es en la cadena de gimnasio Energy donde me toca usar la estática, ha sido mi viejo amigo de juventud Fiodor y su "Adolescente" el que me ha dejado más pensativo de lo normal, no solamente por su "sencilla", pero entramada "plot" sino que también el uso de la lengua inglesa, pues en mi Kindle compré toda su literatura a un muy bajo costo, pero viene en dicho formato, situación que me complace de muy buena manera, demostrando que la "inversión Cairns" tiene frutos palpables.
Lo cierto es que gracias a la tecnología llevo conmigo una cantidad exhorbitante de libros, vaya donde vaya. Tengo la ciencia ficción de Bradbury, los consejos ensayísticos de Montaigne, las cartas de Ciceron, los pensamientos de Buda, las elucubraciones de Nietsche, pasando por la prosa de Almudenas, los sueños de La Bombal, mi querido Joyce, las novelas de Kafka y obviamente el plan completo de disquisiciones realizadas por Fiodor, que fue quien inauguró la Kindle.
Como corolario de todo este periplo que me significa deporte y lectura puede resultarte extraña la distancia temporal que existe entre cada nueva manifestación escrita, también lo es para mi, pues en cada ocasión que veo mi laptop dispuesta en el mueble, creo tan solo los primeras líneas, misma situación que sucede en cada nueva zancada, pero para que veas querido amigo de la supercarretera no siempre llegan a puerto, salvo hoy que me sitúe delante tuyo sin coordenadas.