sábado, 29 de noviembre de 2025

La levedad del ser....

Se podría pensar que en seis meses nada ha pasado, pero sin lugar a dudas, cualquier persona que tenga el mínimo de sentido de presencia, sabrá que esto es una locura inmensa. A pesar de ello, es hoy con todas sus circunstancias es que me siento a compartir conmigo mismo las ideas que deambulan en mi cerebro y que con mucha humildad depósito en el ordenador.

Concuerda mi ausencia con el segundo semestre del año académico, sitúo este escenario por ser el que más tiempo toma de mi vida cotidiana. Desde hace más de una década me desempeño como profesor de lenguaje. Es cierto que es una forma de decir, pues empleo todas las habilidades que dispongo para tratar que aquellos con los que comparto aula, puedan generar por ellos, cierto pensamiento que les permita asumir primero quienes son y sus fortalezas, para desde allí intentar ser la mejor versión de ellos mismos. 

Muchas veces está muy alejado mi propósito del orden tradicional del sistema donde la calificación tiene un rol preponderante. Mis educandos visualizan lo numérico con la cantidad de sabiduría que poseen en el momento. Soy bastante reacio a ese intercambio de pareceres e intento elevar la idea del aprendizaje por sobre el número. 

Es allí donde he podido relevar las habilidades de algunos estudiantes que se percibían ellos mismos como disminuidos, pero que en ciertas ocasiones, son la punta de lanza para dar cuenta de una actividad o contenido en particular.

Anyway, la educación es una actividad cada vez más cautivadora para mi persona. Tanto porque nunca es es el mismo río con el cual interactúas como en el sentido que tu identidad y personalidad se ven impactadas cada vez que cruzas el umbral de la puerta.

Esta segunda parte (la de finalización de ciclo) ha sido más acuciante que en temporadas anteriores. No logré cautivar a mi curso por la senda del aprendizaje significativo. Es cierto, que el estadio emocional de un 8vo básico, está lejos de ser estable y es es precisamente la estabilidad emocional la que brinda los mejores réditos en las acciones que uno puede realizar.

A pesar de ello, mi energía vital, que es creer que se puede modificar un ápice hoy que será una roca fundacional mañana, sigue en pie firme y cada lectura le entrega más agua a la savia que recorre mis venas y me da luces del camino a seguir, ese que debe ir sembrado en el amor mutuo, honesto y en virtud.

En cuanto a las lecturas que han alimentado estos meses y que son parte responsable de mi ausencia online quiero destacar tres que me cautivaron a más no poder. De hecho, cuando algo se arraiga de manera positiva en mi o creo que puedo alimentar mi estado interno con ello, de inmediato, trato de hacer eco en mi ecología para que el entorno, al menos tenga la chance de desecharlo si es que mis palabras no son alentadoras.

En primer lugar está "Activa tus mitocondrías" de Antonio Valenzuela, un manual de cómo la alimentación, el descanso y un entrenamiento inteligente permite que la generación de energía dentro de tu cuerpo sea más eficiente y brinde a tu vida el máximo de los beneficios que puede otorgar un cuerpo y una mente sana. Sencillamente fantástico y da pie para iniciar (en mi caso profundizar) algunas rutinas que mejorarán tu percepción de lo que te rodea.

El segundo libro que está muy bien escrito y que me emocionó porque toca la fibra del maestro fue Marco Antonio de la Parra con "El año en que nos volvimos locos" que presenta como los cambios hormonales en un grupo de estudiantes de 8vo básico de un colegio particular, logran afianzarse como grupo curso y enfrentan primero sus propias rabias internas para emerger como el fénix consolidado y lleno de relaciones honestas. A pesar de que su primera edición ya tiene hartos años a su haber, los temas centrales como la identidad y la aceptación del don que uno tiene se mantienen tan actuales que asusta un poco, más ahora en periodo eleccionario, donde la bondad, el amor y hacer por hacer sin nada a cambio, parece tan anacrónico como el pensar que todos deberíamos tener las mismas oportunidades para poder crecer.

Y para terminar un clásico que por serendipia encontré en el Centro de Recursos de Aprendizaje (CRA) de mi establecimiento y que me llevó a saborear las vidas de Teresa, Tomás, Sabina y Franz quienes mediante sus acciones muestran escenarios y vaivenes propios de los seres humanos y que Kundera enlaza de una manera increíble. Trajo su lectura a mi mente a Cortázar y su "Rayuela" y sin lugar a dudas "64 modelo de armar" que habla de las simultaneidades que son aquellas las que nos permiten vivir con tanta pasión el día a día.

Entrañable ha sido este fin año y quiero, "visualizo" y decreto que seguiré transitando un pasillo no con las ventanas de el Túnel por las cuales evadir las circunstancias presentes, sino que uno lleno de oportunidades para relevar mis pensamientos en el ahora y que redunden en un abanico de buenas relaciones con quienes me rodean, para que la "levedad del ser" sea una basada en el amor.



















No hay comentarios:

Publicar un comentario